Ahorrar energía en casa no depende únicamente de cambiar las ventanas, instalar placas solares o sustituir la calefacción por un sistema más eficiente. Una parte importante del consumo energético de una vivienda está relacionada con cómo utilizamos cada día la calefacción, los electrodomésticos, la iluminación, el agua caliente o incluso las ventanas y persianas.
Por eso, antes de pensar en grandes inversiones, merece la pena revisar nuestros hábitos.
Hay pequeños cambios que no cuestan nada y pueden empezar a aplicarse desde hoy. Otros requieren una inversión mínima, como instalar burletes o sustituir determinadas bombillas. Y también existen actuaciones más profundas, como mejorar el aislamiento, instalar aerotermia, incorporar ventilación mecánica con recuperación de calor o producir nuestra propia energía.
La clave está en empezar por aquello que tenga sentido en cada vivienda.
En esta guía reunimos diferentes consejos de ahorro de energía especialmente útiles durante los meses de invierno, cuando la calefacción, el agua caliente y las mayores horas de oscuridad incrementan considerablemente las necesidades energéticas del hogar.
No se trata de pasar frío ni de renunciar al confort. Se trata de conseguir que la vivienda funcione mejor y de evitar consumir energía que realmente no necesitamos.
10 formas de ahorrar energía en casa
Si buscas una respuesta rápida, estos son algunos de los cambios que más merece la pena revisar:
- Evita las infiltraciones de aire en puertas y ventanas.
- Ajusta correctamente la temperatura de la calefacción.
- Aprovecha el sol durante el día y baja las persianas por la noche.
- Ventila durante poco tiempo y en las horas más favorables.
- Revisa la potencia contratada y la tarifa eléctrica.
- Utiliza lavadora y lavavajillas con cargas completas.
- Evita dejar aparatos permanentemente en standby.
- Aplica medidas de ahorro en el uso de electrodomésticos y aparatos de cocina.
- Reduce las pérdidas de calor de radiadores, extractores y cerramientos.
- Valora mejorar el aislamiento y los sistemas energéticos cuando llegue el momento de reformar.
Pero además de estos consejos, hay muchas acciones que puedes hacer para seguir maximizando el ahorro. A continuación, desde alvaHome vamos a hacer un desarrollo de lo que consideramos más importante y útil para tu casa.
15 consejos de ahorro de energía
Te presentamos una seria de trucos y medidas para que no desperdicies energía, puedas reducir el consumo y sobre todo, se note en el precio final de la factura. ¡Allá van!
1. Empieza por evitar que el calor se escape
Puedes tener una calefacción muy eficiente y, aun así, consumir demasiado si el calor generado dentro de la vivienda se pierde constantemente.
Por eso, uno de los primeros puntos que conviene revisar cuando buscamos consejos para ahorrar energía es el aislamiento.
Comprueba puertas y ventanas
Una ventana cerrada no siempre significa una ventana estanca. Con el paso de los años, los cierres pueden deteriorarse y permitir pequeñas entradas de aire frío. A veces basta con acercar la mano al marco para notar la corriente.
Los burletes pueden ser una solución sencilla cuando todavía no es el momento de sustituir las ventanas. También conviene revisar las puertas que comunican directamente con el exterior, terrazas, garajes o zonas comunes frías.
Una pequeña infiltración mantenida durante muchas horas obliga a la calefacción a trabajar continuamente para compensar esa pérdida.
¿Cuándo merece la pena cambiar las ventanas?
Si las ventanas son antiguas, presentan condensaciones frecuentes, tienen cierres deficientes o permiten claramente el paso del aire, puede ser interesante estudiar su sustitución.
Pero una ventana nueva no debe analizarse de forma aislada. El comportamiento térmico de una vivienda depende también de fachadas, cubiertas, puentes térmicos, orientación y ventilación.
Por eso, cuando los problemas son importantes, es recomendable analizar el edificio en conjunto.
2. Mejorar el aislamiento cambia por completo el consumo
A largo plazo, una de las actuaciones con mayor impacto sobre el comportamiento energético es mejorar el aislamiento de la envolvente.
Las paredes, fachadas, cubiertas y suelos separan el interior de nuestra vivienda del exterior. Si estas superficies tienen un aislamiento insuficiente, durante el invierno permiten que buena parte del calor generado se pierda.
Esto provoca una sensación muy habitual: la calefacción está encendida, pero determinadas habitaciones siguen pareciendo frías.
En otros casos aparecen paredes frías, condensación o diferencias importantes de temperatura entre unas zonas y otras. Mejorar el aislamiento puede ayudar a:
- Reducir las pérdidas de calor-
- Mantener una temperatura interior más estable.
- Disminuir las necesidades de calefacción.
- Mejorar el confort.
- Reducir determinados problemas relacionados con superficies frías.
- Mejorar el comportamiento energético global del inmueble
En edificios residenciales, este tipo de actuaciones puede plantearse a nivel individual o a través de la comunidad de propietarios, dependiendo del elemento sobre el que haya que intervenir.
3. Ajusta la calefacción a una temperatura razonable
Uno de los errores más habituales durante el invierno consiste en intentar mantener una temperatura excesivamente alta dentro de casa. Cada grado adicional obliga al sistema de calefacción a aportar más energía.
No existe una temperatura perfecta para todas las personas ni para todas las viviendas, pero mantener el hogar alrededor de 20-21 ºC durante los periodos de uso suele proporcionar un nivel de confort adecuado para muchas personas.
Lo importante es evitar diferencias exageradas. No tiene mucho sentido mantener la vivienda a temperaturas propias del verano para poder estar en manga corta durante enero.
No calientes todas las habitaciones de la misma forma
Un dormitorio utilizado únicamente por la noche no tiene las mismas necesidades que un salón en el que pasamos buena parte de la tarde.
Si el sistema lo permite, regula cada estancia de acuerdo con su uso. Los termostatos y válvulas termostáticas pueden ayudar a evitar que determinadas habitaciones reciban más calefacción de la necesaria.
Los sistemas de control inteligente permiten además programar horarios o modificar temperaturas a distancia.
La tecnología, en este caso, no sirve únicamente para tener una casa más cómoda: bien utilizada puede ayudarnos a consumir de forma más racional.
4. Si tienes radiadores, deja que hagan correctamente su trabajo
Es bastante habitual encontrar radiadores detrás de muebles, sofás, cubreradiadores o cortinas.
Desde el punto de vista decorativo puede resultar atractivo, pero desde el energético no siempre es una buena idea. El radiador necesita transmitir el calor a la estancia.
Si lo encerramos o bloqueamos la circulación del aire caliente, reducimos su capacidad para distribuir correctamente ese calor. Por eso:
- Evita cubrir los radiadores.
- No coloques muebles grandes pegados a ellos.
- Revisa periódicamente que funcionan correctamente.
- Utiliza válvulas termostáticas cuando sea posible
- Y estudia la posibilidad de instalar elementos reflectantes en determinadas paredes exteriores si técnicamente tiene sentido.
El objetivo es sencillo: aprovechar mejor el calor que ya estamos pagando.

5. Aprovecha el sol como una fuente de calefacción gratuita
EEn invierno, las ventanas no sirven únicamente para iluminar.
Una fachada soleada puede recibir una cantidad considerable de energía durante determinadas horas del día.
Por eso, uno de los consejos más simples para ahorrar energía consiste en abrir persianas, cortinas o elementos de protección solar cuando el sol incide directamente sobre las ventanas.
Deja que la radiación solar caliente las superficies interiores.
Cuando el sol desaparezca, haz lo contrario.
Cierra persianas y cortinas para reducir las pérdidas de calor a través de los huecos.
Es una estrategia muy sencilla: durante el día, deja entrar el sol; durante la noche, ayuda a conservar el calor.
En viviendas con doble ventana, puede ser interesante gestionar correctamente ambas hojas para aprovechar el calentamiento solar sin favorecer después pérdidas térmicas.
6. Ventilar sí, pero sin enfriar completamente la vivienda
Ventilar es imprescindible para mantener una buena calidad del aire interior y controlar la humedad.
El problema aparece cuando confundimos ventilar con mantener las ventanas abiertas durante largos periodos.
Durante el invierno, una ventilación breve e intensa suele ser más eficiente que dejar una ventana entreabierta durante mucho tiempo.
Como referencia general, unos minutos de ventilación cruzada pueden ser suficientes en muchas situaciones para renovar buena parte del aire sin enfriar excesivamente paredes, muebles y otras superficies interiores.
Elige bien el momento
Siempre que tu rutina lo permita, intenta ventilar cuando la temperatura exterior sea más favorable.
En pleno invierno puede ser más eficiente ventilar hacia las horas centrales del día que hacerlo durante largos periodos a primera hora de la mañana.
Existe, sin embargo, una excepción práctica: los dormitorios. Después de dormir varias horas, suelen acumular humedad y CO₂, por lo que conviene renovarlos al comenzar el día.
Puede hacerse rápidamente y, cuando sea posible, manteniendo cerrada la puerta que comunica con el resto de la vivienda para no enfriar innecesariamente otras estancias.
7. La VMC puede reducir las pérdidas energéticas
En viviendas bien aisladas, la ventilación se vuelve todavía más importante.
Necesitamos renovar el aire, pero cada vez que expulsamos aire caliente al exterior también estamos perdiendo una parte de la energía utilizada para calentarlo.
Los sistemas de ventilación mecánica controlada con recuperación de calor permiten reducir considerablemente este problema.
Funcionan renovando continuamente el aire interior y aprovechando parte del calor del aire que expulsamos para templar el aire nuevo que entra desde el exterior.
No todas las viviendas permiten instalar fácilmente este tipo de sistemas, por lo que es necesario estudiar previamente su configuración.
Pero en rehabilitaciones integrales o viviendas con problemas recurrentes de humedad, condensación o calidad del aire, puede ser una actuación especialmente interesante.
8. Revisa tu contrato eléctrico antes de buscar grandes ahorros
Hay hogares que intentan ahorrar apagando bombillas mientras mantienen contratada una potencia muy superior a la que realmente necesitan.
Antes de cambiar hábitos conviene revisar también cómo estamos pagando la energía. Pregúntate:
- ¿La potencia contratada corresponde realmente a mis necesidades?
- ¿Estoy en una tarifa adecuada para mi perfil de consumo?
- ¿Concentro una parte importante del consumo en determinadas horas?
- ¿Podría desplazar algunos consumos a periodos más económicos?
- ¿Cumplo los requisitos para acceder al bono social?
- ¿Estoy pagando servicios adicionales que realmente no necesito?
La tarifa más barata para una vivienda no necesariamente será la mejor para otra. Depende de cuándo consume, cuánto consume y qué equipos utiliza.
Por eso es recomendable analizar los datos reales de consumo y no dejarse llevar únicamente por una oferta comercial.
9. Desplaza algunos consumos a las horas más favorables
Si tu contrato establece precios diferentes dependiendo del periodo horario, organizar algunos hábitos puede reducir el coste sin consumir menos energía.
Lavadoras, lavavajillas, carga de vehículos eléctricos o determinadas tareas domésticas pueden programarse para momentos en los que el precio energético resulte más favorable.
Los electrodomésticos modernos suelen incorporar funciones de inicio diferido precisamente para facilitar este tipo de organización.
Eso sí: siempre debe hacerse respetando las recomendaciones de seguridad del fabricante y evitando dejar determinados equipos funcionando sin supervisión cuando no resulte aconsejable.
10. Cambia progresivamente a iluminación LED
La iluminación LED consume significativamente menos electricidad que tecnologías antiguas para proporcionar niveles equivalentes de iluminación.
No es necesario sustituir todas las bombillas de la vivienda el mismo día. Puede empezarse por las zonas que permanecen más horas encendidas.
Una pared fría puede deberse a un puente térmico, una cámara sin aislamiento, humedad o un defecto constructivo. Identificar la causa evita aplicar soluciones que solo tratan el síntoma.
Después, a medida que otras bombillas lleguen al final de su vida útil, pueden sustituirse progresivamente.
Es una inversión relativamente sencilla y con un efecto acumulado importante en espacios donde la iluminación se utiliza durante muchas horas.
11. Elimina consumos fantasma
Televisores, equipos de sonido, videoconsolas, ordenadores, cargadores y otros dispositivos pueden seguir consumiendo pequeñas cantidades de electricidad aunque aparentemente estén apagados.
Individualmente parecen consumos irrelevantes. Pero cuando sumamos muchos dispositivos funcionando 24 horas al día durante todo el año, el resultado deja de ser tan insignificante.
Las regletas con interruptor o los enchufes inteligentes permiten desconectar grupos completos de dispositivos cuando no se están utilizando.
No es necesario convertirlo en una obsesión. La idea es identificar aquellos equipos que pasan muchas horas en standby y que podemos desconectar fácilmente sin afectar a nuestro día a día.
12. La cocina también puede ayudarte a ahorrar energía
Cocinar implica transformar electricidad o gas en calor. y una parte de ese calor puede aprovecharse mejor.
Cocina varias raciones cuando tenga sentido
Preparar comida para varios días puede reducir el número de veces que encendemos determinados aparatos y facilitar además la organización doméstica.
Naturalmente, siempre hay que conservar los alimentos correctamente y respetar las recomendaciones de seguridad alimentaria.
Aprovecha el calor residual
Una vitrocerámica, un horno o determinadas cazuelas permanecen calientes después de utilizarlos.
Podemos aprovechar esa energía residual en lugar de intentar enfriarlos inmediatamente. En invierno, ese calor termina contribuyendo también a calentar la vivienda.
No abras constantemente el horno
Cada vez que abrimos la puerta durante la cocción se pierde una parte considerable del calor acumulado. Utiliza la ventana del horno siempre que sea posible.
Usa el aparato adecuado
o siempre tiene sentido encender un horno grande para calentar una pequeña cantidad de comida.
Microondas, placa, horno o pequeños electrodomésticos tienen eficiencias y usos diferentes.
La opción adecuada dependerá del alimento, de la cantidad y del tiempo de cocción.
Más que establecer que un sistema es siempre mejor que otro, conviene utilizar el equipo más proporcionado para cada tarea.
Cuidado con el extractor de cocina en invierno
Durante el invierno, mantener el extractor funcionando mucho más tiempo del necesario puede provocar una pérdida energética importante.
La solución no consiste en dejar de utilizarlo, sino en hacer un uso proporcionado y mantener correctamente filtros y conductos.
Aprende a utilizar mejor el frigorífico
El frigorífico funciona las 24 horas del día, los 365 días del año. Por eso, pequeños hábitos repetidos continuamente tienen efecto.
No abras la puerta sin saber qué buscas, no introduzcas alimentos muy calientes, descongela dentro del frigorífico y baja la temperatura general de la nevera o utiliza modos de bajo consumo.

13. El agua caliente también es energía
Cuando abrimos el agua caliente no solo estamos consumiendo agua. También estamos utilizando la energía necesaria para calentarla.
Reducir el consumo de agua caliente significa, por tanto, ahorrar dos recursos al mismo tiempo. Algunos hábitos sencillos son:
- Ducharse en lugar de llenar habitualmente una bañera.
- Cerrar el grifo mientras nos enjabonamos.
- No dejar correr el agua innecesariamente mientras esperamos.
- Reparar grifos que gotean.
- Y utilizar cabezales y aireadores eficientes cuando resulten adecuados.
También puede ser útil revisar la temperatura de producción del sistema de agua caliente, siempre dentro de los rangos recomendados por el fabricante y la normativa correspondiente.
14. Aprovecha mejor cada estancia
La sensación de confort no depende únicamente de la temperatura del aire.
También influyen las temperaturas de paredes y suelos, las corrientes de aire, la humedad y los materiales que nos rodean.
Una vivienda puede estar a 21 ºC y seguir resultando incómoda si las paredes están muy frías. Algunas soluciones sencillas ayudan a mejorar el confort:
- Utilizar alfombras en pavimentos muy fríos.
- Colocar textiles adecuados durante el invierno.
- Cerrar puertas de estancias que no se utilizan.
- Y evitar corrientes innecesarias.
Esto no sustituye a un buen aislamiento, pero puede mejorar la sensación térmica sin necesidad de aumentar continuamente el termostato.
15. Persianas: un elemento sencillo que solemos utilizar mal
Las persianas pueden desempeñar dos funciones energéticas diferentes.
Durante las horas soleadas interesa mantenerlas abiertas para aprovechar la luz y la radiación solar. Cuando llega la noche, cerrarlas añade una barrera adicional frente al exterior.
No sustituye a una ventana eficiente, pero contribuye a limitar las pérdidas térmicas.
Las cortinas gruesas también pueden ayudar, siempre que no bloqueen radiadores u otros sistemas de calefacción.
¿Realmente funcionan estos consejos de ahorro de energía?
Sí, pero no todos tienen el mismo impacto. Dos viviendas aparentemente iguales pueden tener consumos completamente diferentes.
La orientación, el número de ocupantes, la planta, la exposición al viento, el aislamiento, los horarios o incluso la forma de cocinar influyen en el resultado.
Por eso, copiar los hábitos de otra vivienda no siempre funciona. Antes de realizar una inversión importante conviene intentar responder a varias preguntas:
¿Dónde estoy consumiendo más energía?
¿En qué meses aumenta mi factura?
¿Mi problema es un consumo elevado o una tarifa poco adecuada?
¿La vivienda pierde demasiado calor?
¿Tengo habitaciones que nunca alcanzan una temperatura confortable?
¿Existen corrientes de aire?
¿Aparece condensación?
¿Mi sistema de calefacción está funcionando eficientemente?
¿Podría producir parte de mi propia energía?
Una vivienda mejor protegida necesita menos energía para mantener una temperatura confortable.
La verdadera eficiencia consiste en identificar dónde se está desperdiciando energía y actuar primero sobre aquello que tiene mayor impacto.
Ahorrar energía no significa renunciar al confort
Uno de los grandes errores cuando hablamos de eficiencia energética es asociarla con vivir peor. Una vivienda eficiente debería conseguir precisamente lo contrario.
El objetivo es poder mantener unas condiciones confortables utilizando menos energía. Esto se consigue combinando tres elementos: una vivienda que pierda poca energía, instalaciones eficientes y unos hábitos de uso adecuados.
Si una de esas tres piezas falla, el consumo aumenta.
Podemos tener la mejor aerotermia del mercado, pero si mantenemos las ventanas abiertas durante horas el resultado será malo.
Podemos tener excelentes hábitos energéticos, pero si vivimos en una vivienda sin aislamiento será difícil conseguir un nivel de confort adecuado sin aumentar el consumo. La eficiencia energética debe analizarse como un conjunto.
¿Cuándo merece la pena pedir un estudio energético
Si tu factura energética parece excesiva, determinadas habitaciones nunca alcanzan una temperatura confortable, aparecen condensaciones o estás pensando en reformar, puede ser buen momento para realizar un análisis más profundo. También resulta especialmente recomendable antes de:
- Sustituir la calefacción.
- Instalar aerotermia.
- Colocar placas solares.
- Cambiar ventanas.
- Rehabilitar una fachada.
- Mejorar una cubierta.
- Instalar ventilación mecánica o acometer una reforma integral.
Un estudio previo permite dimensionar mejor las actuaciones y evitar inversiones que después no solucionan el problema principal.
Ayudas y subvenciones para mejorar la eficiencia energética
Algunas de las actuaciones que permiten reducir el consumo de una vivienda pueden beneficiarse de subvenciones, deducciones fiscales, bonificaciones municipales u otros mecanismos económicos, dependiendo de las convocatorias y requisitos vigentes.
Por eso, antes de acometer una rehabilitación energética importante conviene estudiar no solo qué actuación resulta técnicamente adecuada, sino también qué posibilidades existen para reducir la inversión necesaria.
En alvaHome analizamos cada proyecto desde ambos puntos de vista: técnico y económico.
Como agente rehabilitador, podemos estudiar las actuaciones necesarias, preparar la documentación técnica, analizar las ayudas disponibles, gestionar la tramitación y ejecutar el proyecto cuando corresponda.
Porque ahorrar energía no empieza únicamente cuando encendemos menos la calefacción.
También empieza cuando conseguimos que nuestra vivienda necesite menos energía para funcionar correctamente.
Consejos para ahorrar energía y mucho más
Los mejores consejos de ahorro de energía no consisten simplemente en apagar aparatos.
El verdadero ahorro aparece cuando conseguimos combinar buenos hábitos con una vivienda que aprovecha mejor cada unidad de energía que consume.
Puedes empezar hoy controlando la calefacción, gestionando mejor las persianas, ventilando correctamente o revisando tus electrodomésticos.
Y cuando llegue el momento de realizar una reforma, sustituir instalaciones o rehabilitar el edificio, podrás dar el siguiente paso: mejorar de forma estructural su comportamiento energético.
En alvaHome podemos ayudarte a analizar dónde está consumiendo energía tu vivienda, qué actuaciones pueden mejorarla y qué ayudas o mecanismos económicos pueden contribuir a reducir la inversión.
Porque la energía más económica y sostenible sigue siendo, en buena medida, la que conseguimos no desperdiciar.
A su disposición en contacto.
